miércoles, 18 de mayo de 2011

Pedazos del alma. El diario de Diana.


Domingo, 1ero de Mayo.

He estado platicando con mi madre, dice que no hago nada, que solo estoy en la casa, me la paso en la computadora, y si está se encuentra ocupada, o no puedo estar en ella, uso el celular que me compró de regalo. Quedamos en un mutuo acuerdo en el que yo asistiría a algunos cursos, aparte de la escuela, un poco más recreativo, como clases de música, dibujo o alguna otra cosa.

Finalmente opté por un curso de pintura.

Lunes, 2 de Mayo.

Después de un largo día en el colegio tomé un camión y fui al lugar que mamá había dicho, ahí se impartían las clases de pintura que ‘tanto’ deseaba. Era un lugar bonito, al lado de las instalaciones se encontraba un parque con varios columpios y otros juegos infantiles a parte de unas banquitas. Entré al lugar, dentro, en recepción, una secretaria dijo mi nombre y comentó que me esperaban. Sonreí a pesar de que me extrañó un poco. Me indicó que el salón donde me esperaba el instructor y los demás alumnos se encontraba hasta el fondo del pasillo con un número ‘6’ en la puerta. Me dirigí a el, y con un poco de duda, gire la perilla y empujé la puerta, que no se abrió…tenia que jalar de ella…
Ya dentro, con mis mejillas sonrojadas de un poco de pena, salude a ‘todos’ y por todos me refiero a unos gemelos, una muchacha de mi edad con una imagen de chica presumida, una niña bastante menor pero pintaba como toda una artista y un muchacho con aparentemente unos cuatro años mas que yo; aparte, del viejo hombre que era el maestro en el lugar.

Miércoles, 4 de Mayo.

Ayer enfermé y no pude ir al colegio ni menos a las clases de pintura. Pero ahora que fui, el muchacho de cuatro años mas que yo, pasó un buen rato conmigo, intercambiamos algunas palabras, sonrisas y miradas…algo tiene…aunque se que es demasiado pronto como para enamorarme, no está nada mal, la verdad es bastante guapo y la forma en la que se preocupó por mi, me enamoró un poquito mas. Nos quedamos en el parque, hasta tarde, hablamos de mil y una tontería, nos reíamos como dos tontos, tórtolos, enamorados.

Lunes, 16 de Mayo.

La pintura me encantaba, pero poco a poco comencé a darme cuenta de que yo asistía, no solo por la pintura, sino por aquel muchacho que tiene por nombre Erick.
Su forma de ser, su voz, sus ganas de estar conmigo, mi deseo de estar con él…comenzó a ser un vicio. No pasaba día que no hablara con él, comenzó a acompañarme a casa y hablarme por teléfono celular, yo lo hacia a escondidas, pero durábamos hasta lo mas tarde, las tres de la madrugada. No podía dormir pensando en él, y cuando caía dormida soñaba con él.




Viernes, 27 de Mayo.

Después de varias despedidas en las que nos decíamos un ‘te quiero’, un ‘te adoro’ comenzamos a usar un ‘te amo’ y poco a poco, fuimos creyéndolo.
Hoy día, llevé a la clase de pintura, una bolsita con esas gomitas rojas, sabor cerezas, de esas que me encantan, comencé por comérmelos a media clase, sin ofrecer a nadie, pero a la salida, cuando solo quedábamos Erick y yo, los volví a sacar, y frente a el comencé a comérmelos, me pidió uno, y fue donde me atreví a meterme uno a la boca y sin pasármelo, descaradamente lo bese, pensaba comenzar a apasionar el beso, y pasarle la gomita, pero el comenzó primero e hizo que se atascara la gomita en mi garganta, para cuando se dio cuenta, ya era muy tarde, unos segundos después me puse morada, y finalmente, sin oxigeno en mi cerebro, caí inconciente al suelo, lo vi llorar y huir del lugar, pero no lo culpo por que lo amo, finalmente morí.


Diana