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Licenciado trabajando. Y obvio tambien tenia que ayudarle yo:
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Me divierto mucho con mi papá JAJAJA
Te amo papi ♥
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El ambiente era demasiado pesado apenas bien se podía respirar, mucho calor…hacia mucho calor. Las ardientes llamas inundaban el lugar, el extintor había explotado, y aunque su interior sirve para apagar el fuego de nada sirvió. Tenia tanto miedo de abrir las ventanas ya que las llamaradas crecerían al haber mas oxigeno que quemar.
El oxigeno se agotaba, la joven mujer cayó al suelo tosiendo y llorando: ‘quemada’ estaba de número uno en su lista de ‘peores muertes’ e irónicamente así fallecería. Casi perdía la conciencia cuando escucho unos pasos entaconados en el mismo apartamento en el que ella se encontraba, venían del pasillo. Había cerrado sus ojos por que se quemaban con el humo del ardiente fuego pero seguía escuchando atentamente tratando de evitar toser para oírlos bien, mientras estos se acercaban mas y mas, lentamente pero firmes aumentando la tensión que sentía. La joven entalonada por fin llego a donde se encontraba la otra moribunda mujer y acompañándole el sonido del abrir y cerrar de un encendedor de metal. Tomo a la mujer jalándole de la cabellera y la arrojo al fuego viendo como esta se derretía en el. Ella logro salir del lugar y sin alguna mínima quemadura, después de todo era una pirómana, sabia como funcionaba el fuego.
Ni una huella quedó, todo el lugar se incendio.
Aquel joven de castaña cabellera y claros ojos, pareja de la joven difunta, lloraba sin consuelo. Y de nuevo resonaron en el suelo, esos pasos entaconados. Esa otra joven mujer locamente enamorada del muchacho, disponíase a consolarlo y a ganarse su corazón finalmente.
Ella dijo algo como ‘Cariño, los muertos, muertos están, no vale la pena llorar por alguien que ya no esta en este mundo’.
Mientras luego rozaba sus suaves labios en los del joven depositando un amargo beso sabor a lágrimas saladas.
El la alejo empujándola a lo que casi cae ella al suelo, perdiendo el equilibrio.
Molesta, preguntaba gritándole el por que de sus actos a lo que él pronuncio: ‘Yo
Ella prendió fuego con su encendedor a algunas de las flores, que luego incendiaron un montón de floreros en el velorio.
‘¡Yo te amo, merezco ser amada por ti!’
En el reflejo de los ojos de el podía verse el miedo ante observar tan escena: las hermosas flores prendían en llamas el vestido de la muchacha y sin saber que hacer ella solo se dejo quemas, aun no moría, pero su piel se derretía y su vestido caía en cenizas al suelo.
‘Jamás te amare por lo que haz hecho ahora estas condenada a sufrir el mismo destino que mi amada sufrió para después seguir ardiendo en las llamaradas del infierno’ Diciendo esto mientras sus ojos miraban con desprecio los de ella, quien lloraba arrepentida. El se hincó. frente a ella quien suplicaba ser amada, acorto el espacio entre ellos dos y le dio un suave y dulce beso de despedía y tenia el desconocido sabor del sentimiento al cual llaman amor, sabia como ella siempre imaginaba, cumpliría con un sonrojo en ambas mejillas y una sonrisa su eterna condena.

Henry, un viejo hombre de cerca de sesenta años, una pobre alma entristecida por la pérdida de su mujer, su primer y único amor.
Henry era un viejo millonario, con una gran mansión, un gran carruaje y una gran familia ¡Vaya que lo era! Si su mujer le había dejado veintiséis hermosos hijos, catorce damitas y doce caballeros. Ellos eran la única razón por la cual el seguía con ganas de vivir.
Por ellos, el viejo Henry, se encontraba en busca de una mujer quien pudiera acompañarle hasta el restos de sus vidas ofreciéndole cariños a el y a sus hijos. Ya que a pesar de poder ofrecerles cualquier deseo material que tuviesen, lo que realmente les hacia falta era el amor de una madre.
Así, consiguió una hermosa joven veinte añera que le amaba como su propia mujer, y a los hijos de Henry como propios.
Una tarde de verano, el ángel de la muerte visito al viejo millonario, una carroza lo había arrollado.
Enormes tristezas llegaron a la mansión de Henry, a su mujer Ángela y a sus veintiséis hijos.
Pero de un momento a otro, Ángela, su mujer ahora viuda, se dio cuenta de que todas las posesiones de su ex-marido serian suyas.
Pero ¡OH sorpresa! En el testamento, cada centavo del viejo Henry estaba destinado a cada uno de sus veintiséis hijos: dejando todo para el mayor de ellos, hasta que el muriera, pasaría al mayor de los veinticinco que quedaban y así, hasta llegar a la pequeña Zara, la menor.
Hasta el final, quedaba Ángela.
Envuelta en la locura, Ángela, tomo un cuchillo de la lujosa cocina de la gran mansión, lo oculto detrás de ella, y cuando Basil se le acerco, ella dio unas cincuenta malditas apuñaladas en su cuerpo, que cansado, callo al suelo sin vida.
Fue lanzado al río, al igual que la ropa de Ángela y el arma.
Por un momento, Ángela se sintió fatal, ¿Cómo pudo haber asesinado el alma de un ángel de su amado por mera codicia?
Pero por otro lado, solo quedaban veinticinco más, cada vez más cerca de la fortuna.
Y así. La misma suerte que el pobre Basil corrieron: Andrea, quien murió ahogada en la tina; Carel, Dorian, ahorcado con una soga; Emily, quemada; Fausto, German, quién ‘accidentalmente’ cayó de las escaleras; Hilda, Ivone, Jermy, Kenia, Lina, Marjorine, encontrada en partes dentro de una valija; Nora, de un hachazo; Oliver, Peter, Quetta, Roman, Tania, Ulises, arrollado; Vicente, Wendy, Xerces, Yared y Zarita, la mas fácil.
Solo quedaba una hija del viejo, y así la fortuna de Henry seria de su amada. Se trataba de Sybil de apenas 11 años, a quien su padre llamaba ‘Muñeca de porcelana’ por lo frágil que era alérgica a los rayos UV, por lo que su piel era extremadamente blanca, sus ojos eran dos celestes luceros y su cabello era de color castaño claro, muy hermosa.
Su existencia era dudosa ya que nunca se le veía por los alrededores de la mansión, se la pasaba en su habitación, que mas bien era el ático donde ningún rayo de luz podría entrar, ya que es mortal para ella.
Cuando tenia hambre, notificaba su hambruna por teléfono o con una campana, y la comida era llevada a su habitación.
Una tarde, como a eso de las 4:00 p.m. Ángela se encontraba desesperada, sin saber como deshacerse de la pequeña muñeca, ya que no podía sacarla del ático.
Decidió llevarle la merienda a su habitación, un delicioso té en una hermosa taza de porcelana, cuyo ingrediente secreto era veneno para ratas. Llevo para ella una taza mas, para que no fuese tan misterioso y pasara desapercibida como si solo tratase de pasar un momento con su hijastra.
Al llegar al ático se dio cuenta de que había olvidado por completo las galletas con las cuales acompañaría el te, así que dejo el te sobre la mesita en la que Sybil tomaba el te con su oso de felpa. Ella estaba durmiendo una siesta en su cama.
Ángela subió al ático por segunda vez, con las galletas, al entrar por la puerta, pudo ver como la muñeca se había levantado y se encontraba esperándola en la mesita, ella sonrió y le dio los buenos días.
Se sentó junto a ella y ahí tomaron el té y conversaron por al menos una hora, Ángela se encontraba impaciente al esperar que el veneno hiciera efecto.
Fue entonces cuando su paladar sintió un extraño sabor, y ella se estremeció, espuma comenzó a salir de su boca, y ella callo de la sillita al suelo, y junto con ella la taza de té que se quebró al instante. Podíase ver el cuerpo de Ángela retorciéndose clavándose los vidrios de la taza de porcelana en su cuerpo, hasta que dejo de moverse mirando al techo con su mirada perdida.
Sybil, se puso de pie tomando su taza de té, y la miro, mientras Ángela, quien de sus ojos brotaban enormes lágrimas que rodaban por sus mejillas, moría lenta y dolorosamente.

Desperté, bueno, más bien me despertaron. Fue el ruido de las llaves que chocaban con las barras de la prisión mientras la forzaban para abrir la puerta. Apenas abrí los ojos pude ver a mi madre con su maquillaje corrido de tanto llorar, intentaba despertarme de la mejor forma posible acariciando mi brazo, la vi limpiándose las lagrimas que rodaban por sus mejillas, me senté en la sucia e incomoda cama de la cárcel y con una sonrisa le ayude a limpiarse el rostro sabia que estaba por ocurrir dentro de solo unos momentos, pero aun así, no mostraba miedo, creo que mama no es muy fuerte como pensé.
Los policías entraron para sacarnos a la fuerza por los brazos, nos pusieron unas esposas y nos llevaron a la siguiente celda, donde estaba mi papa.
Lo sacaron peor que a nosotras, lo golpeaban mientras lo hacían, lo mismo que a nosotras, lo esposaron y ya los tres reunidos nos llevaron a una sala donde tendremos la ultima conversación con los policías, después de eso, nos dejaran ‘libres’.
Llegamos a esa sala, era blanca en su totalidad, había una ventana que era obscura, pero alguien nos veía, se podía sentir su mirada.
Los policías seguían golpeando a mi papa y se burlaban de el, un hilo de sangre salía de su boca, sentí pena por el; pero pronto, todo eso acabara.
- ¿Enserio quieres correr la suerte de tus padres en ves de estar libre? No hay cargos sobre ti, niña, piénsalo.
Dijo uno de los señores que no golpeaba a papa, parecía ser uno de los mas serios.
- Vamos, cariño, podrías ir con tu tía, nosotros luego iremos por ti.
Comento mama y de sus ojos comenzaron a brotar gruesas lágrimas. Yo sabía que no lo harían. Y después de todo jamás volverían por mi, yo quería ir con ellos, no los dejaría morir –y literalmente morir- si yo también tengo culpa sobre mis hombros.
- Estoy segura de que quiero ir con ellos.
Conteste bastante segura y la verdad si que tenia culpa del delito por la cual mis padres estaban aquí, si yo repartí parte de la droga que mi papa vendía, y yo sabia que estaba mal, pero en algo tenia que ayudar en casa; a mis amigas, en la primaria, les gustaba; y a sus papas también, no decían nada, si solo no hubiese contestado esa llamada no nos hubieran encontrado las autoridades.
- Solo es una niña, tiene justo 11 años, enserio la dejaremos ‘ir’.
- Si es lo que ella desea…
Discutían entre si un par de policías. Mi papa, nada decía, estaba moribundo.
Después de que los policías lo pensaron bien, nos llevaron en una camioneta lejos de la cárcel, teníamos unos costales sobre nuestras cabezas, para que no viéramos a donde nos dirigíamos, pero bien sabíamos nuestro destino.
Nos bajaron, a mama y a mi, con algo de cuidado. A mi papa, aun seguían maltratándolo.
Nos quitaron los costales, nos arrojaron agua helada para ponernos vivos y quitaron las esposas. Entonces se escucha el rugir de una pistola que lanza su bala al aire, ahí sabemos que es hora de correr, corrimos lo mas rápido posible, mama no lo hacia tan rápido, pero mientras yo la jalara del brazo aumentaba su velocidad; me dio un empujón para impulsarme y al voltear atrás, vi que de su cráneo salía una fuente color rojo carmesí, cayo al suelo, y yo perdí velocidad. Papa me alcanzo y cargo en sus brazos, corrió lo mas rápido que pudo, pero no fue suficiente, las balas llegaron a el y caí junto con mi papa al suelo, yo seguía viva y el moribundo, quedaba poco tiempo, mas balas llegaban y llegaban, unas de las balas atravesaron el cuero de mi piel y sangre era lo único que veían mis ojos.
Vi a mi papa, con una mirada de amor que fue correspondida con una igual, y papa susurro a mi oído un ‘te amo’, a lo que sonreí, y mi cabeza cayo cansada, lo único que vi fue el cielo, era celeste y nubes blancas como ovejas saltaban en todo el, las contaba, esperando la hora de dormir.
Y un ruido me despertó, el ruido de las llaves que chocaban con las barras de la prisión mientras la forzaban para abrir la puerta. Apenas abrí los ojos pude ver a mi madre con su maquillaje corrido de tanto llorar…justo empezaba el día.