
Desperté, bueno, más bien me despertaron. Fue el ruido de las llaves que chocaban con las barras de la prisión mientras la forzaban para abrir la puerta. Apenas abrí los ojos pude ver a mi madre con su maquillaje corrido de tanto llorar, intentaba despertarme de la mejor forma posible acariciando mi brazo, la vi limpiándose las lagrimas que rodaban por sus mejillas, me senté en la sucia e incomoda cama de la cárcel y con una sonrisa le ayude a limpiarse el rostro sabia que estaba por ocurrir dentro de solo unos momentos, pero aun así, no mostraba miedo, creo que mama no es muy fuerte como pensé.
Los policías entraron para sacarnos a la fuerza por los brazos, nos pusieron unas esposas y nos llevaron a la siguiente celda, donde estaba mi papa.
Lo sacaron peor que a nosotras, lo golpeaban mientras lo hacían, lo mismo que a nosotras, lo esposaron y ya los tres reunidos nos llevaron a una sala donde tendremos la ultima conversación con los policías, después de eso, nos dejaran ‘libres’.
Llegamos a esa sala, era blanca en su totalidad, había una ventana que era obscura, pero alguien nos veía, se podía sentir su mirada.
Los policías seguían golpeando a mi papa y se burlaban de el, un hilo de sangre salía de su boca, sentí pena por el; pero pronto, todo eso acabara.
- ¿Enserio quieres correr la suerte de tus padres en ves de estar libre? No hay cargos sobre ti, niña, piénsalo.
Dijo uno de los señores que no golpeaba a papa, parecía ser uno de los mas serios.
- Vamos, cariño, podrías ir con tu tía, nosotros luego iremos por ti.
Comento mama y de sus ojos comenzaron a brotar gruesas lágrimas. Yo sabía que no lo harían. Y después de todo jamás volverían por mi, yo quería ir con ellos, no los dejaría morir –y literalmente morir- si yo también tengo culpa sobre mis hombros.
- Estoy segura de que quiero ir con ellos.
Conteste bastante segura y la verdad si que tenia culpa del delito por la cual mis padres estaban aquí, si yo repartí parte de la droga que mi papa vendía, y yo sabia que estaba mal, pero en algo tenia que ayudar en casa; a mis amigas, en la primaria, les gustaba; y a sus papas también, no decían nada, si solo no hubiese contestado esa llamada no nos hubieran encontrado las autoridades.
- Solo es una niña, tiene justo 11 años, enserio la dejaremos ‘ir’.
- Si es lo que ella desea…
Discutían entre si un par de policías. Mi papa, nada decía, estaba moribundo.
Después de que los policías lo pensaron bien, nos llevaron en una camioneta lejos de la cárcel, teníamos unos costales sobre nuestras cabezas, para que no viéramos a donde nos dirigíamos, pero bien sabíamos nuestro destino.
Nos bajaron, a mama y a mi, con algo de cuidado. A mi papa, aun seguían maltratándolo.
Nos quitaron los costales, nos arrojaron agua helada para ponernos vivos y quitaron las esposas. Entonces se escucha el rugir de una pistola que lanza su bala al aire, ahí sabemos que es hora de correr, corrimos lo mas rápido posible, mama no lo hacia tan rápido, pero mientras yo la jalara del brazo aumentaba su velocidad; me dio un empujón para impulsarme y al voltear atrás, vi que de su cráneo salía una fuente color rojo carmesí, cayo al suelo, y yo perdí velocidad. Papa me alcanzo y cargo en sus brazos, corrió lo mas rápido que pudo, pero no fue suficiente, las balas llegaron a el y caí junto con mi papa al suelo, yo seguía viva y el moribundo, quedaba poco tiempo, mas balas llegaban y llegaban, unas de las balas atravesaron el cuero de mi piel y sangre era lo único que veían mis ojos.
Vi a mi papa, con una mirada de amor que fue correspondida con una igual, y papa susurro a mi oído un ‘te amo’, a lo que sonreí, y mi cabeza cayo cansada, lo único que vi fue el cielo, era celeste y nubes blancas como ovejas saltaban en todo el, las contaba, esperando la hora de dormir.
Y un ruido me despertó, el ruido de las llaves que chocaban con las barras de la prisión mientras la forzaban para abrir la puerta. Apenas abrí los ojos pude ver a mi madre con su maquillaje corrido de tanto llorar…justo empezaba el día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario